Delirio 3

La muerte y la vida son hermanas, una adulada y otra odiada. Y a veces se confunden. La muerte es vida y la vida es muerte. Hermanas, siempre juntas, pero separadas. No se pueden ver, pero se sienten la una a la otra. Muerte, vida, muerte, vida. ¿A quien te encontrarás de cara? ¿A quien tienes más miedo? Haz tu apuesta y confía en el azar. Siempre puede ser que no te toque nada. Atrapado en una frontera infranqueable, entre líneas paralelas, como entre dos esfinges soportando su mirada. Solo que estas diosas te dan la espalda. Gloria eterna, horrible condena o simplemente nada.
El destino decide. Solo él gira la rueda, esa rueda donde estas hermanas moran, donde juzgan todo y a todos. Y a veces, algunos se pierden entre las largas cabelleras de ambas. Y así, transcurren los días. Gira, gira y gira la rueda. Y después, sigue girando. Sin prisa, pero sin pausa. Dejando bendiciones y maldiciones allá donde pasa. Y repartiendo sonrisas y lágrimas.
Esto es eterno, un ciclo sin fin. Generaciones de mortales se suceden, no importa. Simples velas que se encienden y se apagan. Primero unos y después otros. Desde el principio hasta el fin. Desde y para siempre. Nunca acaba. Interminable, solo recuerdan historias profundas y conmovedoras. Solo recuerdan esas cosas. Al fin y al cabo es lo único que les importa. Y le ha importado. Y les importará. Y es que los dioses son así. Y ellas en especial. Están encadenadas. Y pasan los días intentando soltarse.


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