Fragmento del prólogo de La reina desconocida
Sin embargo, sus opciones de llegar iban disminuyendo. Sus perseguidores parecían no cansarse, cada vez se oían más cerca sus voces y pisadas, mientras que ella se mantenía en pie de pura desesperación. “Sólo un esfuerzo más. Ya casi estoy”. – se dijo, como llevaba haciendo desde hacía horas. De repente, un feroz rugido surcó los alrededores. Era un sonido aterrador, al menos para los perseguidores de Qiba. Esta, rompió en sollozos. -¡Estoy salvada!- gritó sin importarle ya quien o que la siguiera. El rugido era de un dragón. Y venía a recogerla. Grandes sombras la cubrieron. Y mientras una de ellas descendía a recogerla, las otras tres volaron hacia sus perseguidores. El dragón se posó a su lado. Era una enorme bestia de color negro azabache. Sus ojos denotaban inteligencia, por lo que Qiba solo esbozó una breve mueca de sorpresa cuando el dragón habló. -Hechicera. Montad, hemos de huir deprisa.-dijo el animal.-Podemos retrasar a quienes os persiguen. Pero hemos de llevaros a...