Delirio 5

¿Sentimientos? ¿Dónde? (2015)
Una noche más en casa. Fuera todos se preparan para salir, beber, perderse. Ya no me sirve eso. La anestesia mental que te causa el alcohol deja de hacer efecto. Las mañanas se hacen más duras. Y mis voces no se callan.
Espera, me llaman. La máscara. Sonríe. Haz equilibrios. Que nada cambie la balanza. Sigue sonriendo. Bien, no lo han notado. Vuelve. Sube el volumen. Y respira. Piérdete donde no tienes que fingir que sientes. Cierra los ojos y deja que las voces bailen. Así están tranquilas. Es mucho mejor.
Recapitulemos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Es una larga historia.
Antes éramos solo una. Una voz. Esa voz era simpática, inocente, confiada, sonriente y enamorada. Era débil. Pero aún no lo sabía. Tenía su vida, sus amigos, sus clases, su novio, su cabeza en orden. Pobre… no sabía lo que venía. Primero, fue el aislamiento. Tan sutil y gradual que fue imperceptible. Al menos para ella. Poco a poco, la fue encerrando en una pequeña caja de cristal. Al principio muy transparente. Poco a poco se fue haciendo muy opaca. Al mismo tiempo su confianza y valentía fue disminuyendo. Frases aquí y allá. Discusiones, gritos, ciclos viciosos. Y entonces fue cuando se dio cuenta de su caja de cristal. Era tan opaca que no podía ver nada ni a nadie. Estaba tan sola. Y solo se tenía a sí misma. Y es entonces cuando llegamos nosotras. Una a una. La fuerte, la cruel, la insensible, la cobarde y la valiente entre otras. Nosotras la ayudamos a ver una rendija en la caja de cristal. Y la lanzamos contra ella. Pero aun no éramos suficientes. Llego desesperación. Y entonces, la caja se partió. Muy tarde.
En ese momento, surge una voz que se sobrepone a las demás. Y nos arrastra en un torbellino de emociones. Amamos, odiamos, reímos, lloramos, gritamos, nos desesperamos; y luego empezamos de nuevo. Y así un día tras otros. Y mientras nosotras nos alimentamos, cogemos fuerzas y esperamos en la oscuridad.
Hablemos más detalladamente de este segundo acto. La base de todo es el alcohol. Al fin y al cabo, hay que desinfectar las heridas que nos quedaron de romper la caja. Que son muchas. Asi que bebemos sin control. Y entonces surge la voz a la que llamamos Vicio. Vicio siempre hace y consigue lo que quiere, sin importar quien caiga. También surge Soledad, que comienza a envenenarnos la mente y el cuerpo. Y solo nos produce cansancio y abatimiento. Nos desmotiva y tumba. Y, sorprendentemente, surge Fuerza, quien, pese a parecer poco, es la única que produce sonrisas, la única que lucha, la única que cree.




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