Delirio 1

Una gota, dos gotas, tres gotas, la lluvia cae sobre el cristal. Y ella, ahí sentada, contempla las gotas caer. Y piensa que ahora mismo le encantaría deshacerse como esas minúsculas partículas que se estrellan contra su ventana. Y suena la radio, una canción que cualquier otra persona apreciara, escuchara y escribirá en todas partes. Pero a ella, a ella se le clava en el corazón, cada letra es una puñalada que sangra en forma de lágrima por sus ya enrojecidos ojos verdes. Es una canción que habla de lo dulce que es la vida cuando tienes a ese alguien a tu lado y de lo amarga que es cuando lo pierdes. Y ella, al romperle el corazón, se ha roto el suyo sin querer. Y ahora hace lo único que puede, llora a solas, sonríe falsamente y encierra esos sentimientos. Pero ya no puede más, su corazón no lo va a aguantar, y de los dos pedacitos que quedan, solo podría quedar polvo. Cada lágrima es un golpe, cada golpe una grieta, y mientras su corazón se parte en pedacitos ella llora por el. Y cada vez sus recuerdos la golpean con fuerza, cada beso, cada caricia, cada risa, esa sonrisa que le hacía sentir la persona más feliz del mundo. Y entonces piensa en lo que queda ahora, no hay besos, ni caricias, ni risas ni sonrisas, solo una mirada que la quema fortalecida por la llama del odio y del rencor, una llama muy fuerte que ya es demasiado tarde para apagar. Y entonces siente miedo, miedo al pensar que ella había podido matarlo. Y miedo, miedo al pensar que esta sola en la oscuridad sin su luz para guiarla. Y entonces todo vuelve a empezar. La canción, los recuerdos y el miedo. Una y otra vez, es un círculo vicioso. Y al final se queda dormida. Pero ni el sueño es piadoso, atormentándola con imágenes en las que ella vuelve a ser feliz, para luego arrebatárselas y sumirla de nuevo en la amargura. Y ya, cansada de tanta tortura, decide ponerle miedo a aquellas sensaciones que la comen por dentro: amor, nostalgia y añoranza.
Entonces llega un nuevo día. El sol brilla, y en su ventana, el rocío reluce. Y ella, para nada conmovida por la belleza de su jardín, sin darse cuenta que hay algo en el ambiente que parece distinto, como anunciando un cambio; se prepara con resignación para sobrevivir un día mas. Sin embargo, al salir a la calle, hay una sombra esperándola. Su roto corazón de repente empieza a latir, reconoce esa silueta. Y se acerca a él. Él la mira, ella le mira. No hacen falta palabras. Y de pronto, sus labios se unen, curando así sus rotos corazones que laten al unísono, proclamando que no han muerto, que están en armonía y que lucharan al menos, un día más. Y ella siente que ya no esta sola en la oscuridad, que ya no tiene lágrimas en los ojos, el la sonríe, y con esa sonrisa el mundo ha pasado a ser un lugar mejor. ¿Cómo pudo ser tan tonta de dejarle escapar? Ahora no lo sabe, y ni le importa. Y de fondo suena una canción, pero ella ya no llora, ella sonríe. Y le susurra al oído, no me dejes nunca.

Una gota, dos gotas, tres gotas, la lluvia cae, reclamando su atención. Pero eso ya no importa, solo importa mirar a la persona que tiene delante una gota, dos gotas, tres gotas

Comentarios